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miércoles, 11 de marzo de 2015

LA PIEL MARCADA. CAPÍTULO III




     Gladys había nacido en Gales, su padre formaba parte de la cuarta generación de propietarios de una antigua imprenta ubicada en uno de los barrios históricos de la ciudad de Cardiff. La imprenta había sido modificada en su interior pero quedaban restos del pasado en la antigua placa de metal que coronaba el arco de piedra de la entrada:
           DRAGÓN ROJO 1853.
Símbolo de su país, era también el símbolo del negocio familiar heredado, así como el símbolo que llevaba tatuado en la espalda Thomas, el padre de Gladys.
 Julia era española, conoció a Thomas en la Costa Brava durante  unas vacaciones de verano; ambos se juraron amor más allá de los límites, encadenando sus  cuerpos y sus almas  en una noche de luna y alcohol al borde del mar. 

 Cuatro meses después Julia voló al país  de los amaneceres brumosos, el cielo gris y los altos acantilados sobre un océano plomizo en contraste con los múltiples verdes de sus prados. No fue sola, dentro de sus entrañas ya latía un pequeño corazón, el corazón de su pequeña Gladys. El recibimiento no fue como ella lo había soñado, a pesar de todo tuvo el corazón esperanzado. 
En vano esperó la española  en aquel ambiente emocionalmente inhóspito, lo que debilitó su cuerpo y su alma, instalándose en ella la melancolía y el desencanto; hasta el punto, que sólo la animaba a vivir el ser que llevaba en sus entrañas y que ya estaba a punto de llegar al mundo, a ese mundo que Julia odiaba y que se arrepentía haber conocido.
 Una noche se decidió preguntar algunas cosas y salir de dudas para tomar una firme decisión que era, la de volver a su país antes de que su hija naciera; pero en mala hora decidió aquel momento. Thomas regresó tarde aquel día, los empleados de su empresa habían empezado una protesta laboral y habían estado negociando hasta altas horas de la noche. Después  había tomado alcohol y su aliento olía a distancia.
 Julia esperó  nerviosa hasta la madrugada y una catarata de reproches salió de su boca al verlo aparecer.  Aquella aciaga noche llamaba a su puerta la tragedia.
De un empujón la hizo rodar escalera abajo quedando inconsciente tirada en el suelo demasiado tiempo para poder salvar su vida.
Solamente pudieron salvar la vida de la pequeña que estaba a punto de venir al mundo; fue un accidente, un accidente al caerse por la escalera estando en avanzado estado de gestación así certificaba el parte médico del hospital al que llevaron a Julia desangrada por dentro.

Texto: Albertina
Fotos tomadas de la Red.Derechos resservados

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