Gladys había nacido en Gales, su padre formaba parte de
la cuarta generación de propietarios de una antigua imprenta ubicada en uno de
los barrios históricos de la ciudad de Cardiff. La imprenta había sido
modificada en su interior pero quedaban restos del pasado en la antigua placa
de metal que coronaba el arco de piedra de la entrada:
DRAGÓN ROJO 1853.
Símbolo de su país, era también el símbolo del negocio
familiar heredado, así como el símbolo que llevaba tatuado en la espalda
Thomas, el padre de Gladys.
Julia era española, conoció a Thomas en la Costa
Brava durante unas vacaciones de verano;
ambos se juraron amor más allá de los límites, encadenando sus cuerpos y sus almas en una noche de luna y alcohol al borde del
mar.
Cuatro meses después Julia voló al país
de los amaneceres brumosos, el cielo gris y los altos acantilados sobre
un océano plomizo en contraste con los múltiples verdes de sus prados. No fue
sola, dentro de sus entrañas ya latía un pequeño corazón, el corazón de su
pequeña Gladys. El recibimiento no fue como ella lo había soñado, a pesar de
todo tuvo el corazón esperanzado.
En vano esperó la española en aquel ambiente emocionalmente inhóspito,
lo que debilitó su cuerpo y su alma, instalándose en ella la melancolía y el
desencanto; hasta el punto, que sólo la animaba a vivir el ser que llevaba en
sus entrañas y que ya estaba a punto de llegar al mundo, a ese mundo que Julia
odiaba y que se arrepentía haber conocido.
Una noche se decidió preguntar
algunas cosas y salir de dudas para tomar una firme decisión que era, la de
volver a su país antes de
que su hija naciera; pero en mala hora decidió aquel momento. Thomas regresó
tarde aquel día, los empleados de su empresa habían empezado una protesta
laboral y habían estado negociando hasta altas horas de la noche. Después había tomado alcohol y su aliento olía a
distancia.
Julia esperó nerviosa hasta
la madrugada y una catarata de reproches salió de su boca al verlo
aparecer. Aquella aciaga noche llamaba a
su puerta la tragedia.
De un empujón la hizo rodar escalera abajo quedando
inconsciente tirada en el suelo demasiado tiempo para poder salvar su vida.
Solamente pudieron salvar la vida de la pequeña que
estaba a punto de venir al mundo; fue un accidente, un accidente al caerse por
la escalera estando en avanzado estado de gestación así certificaba el parte
médico del hospital al que llevaron a Julia desangrada por dentro.
Texto: Albertina
Fotos tomadas de la Red.Derechos resservados



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