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sábado, 2 de julio de 2016

EN UNA ETERNA AUSENCIA

En una eterna ausencia,
se deslizaban aquellos días,
ya mediado el otoño.
Ajenos los cuerpos, irreconocibles,
habían perdido la fragancia, quedando
su geometría asimétrica
como la tosca greda al final del estío.
Es tarde de tormenta seca
con olor a desierto,
y el alma clama a gritos
el rocío de unos labios, los abrazos ausentes.
El sudor de los cuerpos, después de la batalla
se había tornado frío, neutral,
indiferente, punzante, y doloroso;
atrás quedaron
aquellas fecundas primaveras,
y aquellos dulces frutos
preñados de ambrosía,
dieron paso a un mundo entero a la deriva,
en una eterna ausencia,
navegando en el mar de la añoranza.
 
Albertina Reinón



miércoles, 18 de mayo de 2016

EL ENCUENTRO



    El sol se despedía de la tarde con sus rayos más ocres que dorados, apuntando  un  ocaso jadeante, en aquella primavera ya decadente.

    Alguien esperaba al otro lado del rio, en un encuentro forzado, ritual , burda y toscamente preparado.

    Habían muerto ya las emociones de tanto abandono, y en el umbral de la noche, se apresuraban las aves a buscar sus refugios en aquellas rocas, horadadas por interminables temporales de viento y fuego.

    Sobre el río se reflejaban ya las primeras luces de la noche y fluía la corriente lenta y densa, a empujones, llevándose la maleza del ribazo.

    El paso de los años, se reflejaba en aquellos rostros maduros y castigados por días y días de desconsuelo y desesperanza; el tiempo estaba detenido con garras de acero en aquellas mentes antaño cómplices, y el dolor ya estaba encallecido,  cubierto de grandes placas de piel inerte.

    Eran personas muertas, máscaras,  las que concertaron la cita, esqueletos cubiertos por descoloridos ropajes y encanecidos cabellos, queriendo resucitar de las cenizas que habían cegado sus ojos hacía más de un milenio.
   Solo la muerte había calmado sus corazones malheridos.


 Albertina Reinón:  Diario de las cosas perdidas.

Pintura surrealista de Dalí

lunes, 9 de mayo de 2016

DIARIO DE LAS COSAS PERDIDAS. EL DÍA QUE PERDÍ LA VIRGINIDAD



Todos los días vamos perdiendo cosas: unas importantes,  otras menos, pero todas, insignificantes o notables, sustanciales, materiales,  tangibles, espirituales, o idealistas, todas en fin, forman parte de nuestro patrimonio, que como personas, vamos acumulando a lo largo de nuestro recorrido por la vida y que en un”plis plas” las perdemos, dejando todas y cada una de ellas su hueco en nuestra vida, su hueco y su recuerdo; recuerdo que a veces, el tiempo diluye y otras, permanece pegado a nuestra piel, hasta el final de nuestros días. 

CAPÍTULO I

 EL DÍA QUE PERDÍ LA VIRGINIDAD

     Como la mayoría de las mujeres de mi generación, digo la mayoría porque siempre hay excepciones,  perdí la virginidad el día en que el cura me dijo en un acto solemne: “Yo os declaro marido y mujer”
     Para las mujeres de mi generación perder la virginidad antes de casarse por la Iglesia- bueno, tampoco se  podía casar una de otra manera- era muchísimo peor que perder un brazo, o un ojo, porque perder la virginidad, era perder la honra, no solo la tuya, sino la de tus padres y tus hermanos, a los que todos mirarían con cierto desprecio.
    El sexto mandamiento era de estricto cumplimiento, so pena de estar bajo sospecha de no ser una persona decente.
     Afortunadamente los tiempos han cambiado a mejor.
    No quiero ni pensar la tragedia que hubiera supuesto haberle dicho  a mis padres que estaba embarazada sin haberme casado. Un horror de situación que ya procurábamos nosotras  evitar.
    Bueno, pues con este panorama, en plena efervescencia hormonal de los años   jóvenes, se formaban matrimonios casi en la adolescencia, para no vivir en pecado mortal y de paso salvar la honra de nuestras familias y todos contentos; al menos aparentemente.
   Si nunca entendí, por qué se le daba tanta importancia al sexto mandamiento, cada día que pasa lo entiendo menos.
   La práctica sexual en los humanos siempre ha estado cargada de connotaciones peligrosas y pecaminosas; siempre encaminadas a la procreación y dentro de una estructura legal.
   ¿Qué pasa con esta concepción del sexo? Pues simple y llanamente que la mayoría de las mujeres de mi generación, hemos vivido taradas la mitad de nuestra vida y de tanto frenar impulsos los impulsos terminan   por morir.
    Ahora sé, que practicar sexo con una persona que amas, no solamente no es malo sino que es buenísimo.
   Y voy más lejos, practicar sexo es bueno y saludable, siempre que sean relaciones consentidas por ambas partes y no haya perjuicio ni daño a terceros.
   Oigo a veces voces que susurran: nosotros ya no tenemos edad, y yo me quedo a cuadros,
    Claro que no tenemos edad, pero es para saltar con pértiga o para hacer el pino, o para caminar  a la pata coja cinco kilómetros.

O no estáis de acuerdo?

jueves, 21 de abril de 2016

IN MEMORIAM




Algo se muere en el alma
cuando un amigo se va.

Hoy, 21 de abril, hemos despedido a nuestro querido amigo Joaquín Hernández Serna, Catedrático de Filología Románica de la Universidad de Murcia.
Conocí a Joaquín como persona, como profesor, como padre de familia y como amigo, y en las cuatro facetas, podríamos decir que se merecía una puntuación de Matrícula de Honor
Se dedicó a la enseñanza con pasión y llevaba siempre la Universidad   pegada a él, como si de una segunda piel se tratara; por eso, le costó tanto dejarla cuando por los años, que no por las facultades, no tuvo más remedio que hacerlo. Cuando llegó ese momento, los amigos sabíamos que lo iba a pasar mal; fue una dolorosa separación emocional para él, no volver a sus clases, dejar a sus compañeros y a sus alumnos a los que tan generosamente puntuaba.
En paralelo, la Universidad también perdió un gran profesor con dedicación exclusiva, en el más amplio sentido de la palabra; así mismo, perdió un profesor de  figura singular  por su atuendo, hoy tan descuidado;  impolutamente vestido;  le gustaba vestir elegante, elegancia que paseaba con orgullo por el hermoso claustro de su Universidad.
Dejó su trabajo pero quedaron los amigos.
Joaquín era un amigo de “pata negra”, de los pocos que todavía quedan auténticos, amable, cortés y en extremo generoso .
Ahora se nos ha ido en un viaje sin retorno, dejándo tras de sí  su ausencia, y sus recuerdos.
Lo vamos a recordar siempre; las mañanas de sol y baño en la mazarronera playa del Puerto ,  las conversaciones a la orilla del mar, las cenas compartidas con los amigos, el helado de rigor después de cenar en las noches en que la brisa parece detenerse, aunque estés a la orilla del mar.
Vendrán otros veranos sin duda, pero ya no serán los mismos; a sus amigos nos ha dejado un poco huérfanos y lo vamos a notar, ¡vaya si lo vamos a notar!

Y yo me iré.
Y anclado  quedará mi barco.
Y  cuando llegue la tarde,
preguntarán por mí
las gaviotas volando.
Y responderá el viento
de mi balcón vacío,
y la brisa salada del verano.
El  cielo seguirá siendo azul
Y la mar… en solitario.
Albertina Reinón

martes, 19 de abril de 2016

PEQUEÑA INOCENCIA



Es mediodía, el sol luce, la mar está  calmada;
quién sabe qué sueños te acompañan
 mi pequeña inocencia,  solitaria.
Todos se han ido, abandonando la luz
 de la mañana,
 dejando bien marcadas sus huellas
 en la playa.
Palomas blanquecinas a lo lejos esperan, 
para surcar las aguas, para ver otros mundos,
para volar sin alas.
Esperan, como  tú, en esta mañana, ausente a todo,
 mi pequeña inocencia solitaria .
En la lejanía   te observo
con  visión empañada  ya,  de grises y esmeraldas,
oyendo el mar,
dejándome mecer por la nostalgia
de mis jóvenes años, que volaron
 cual gaviotas aladas,
quedando mis recuerdos, fundidos con las aguas.
 Cuando cierro  los ojos, oigo el mar,
siento con la brisa, mi piel acariciada,
y huelo a sal,  a sol y a luz, en la distancia;
como tú ahora, mi pequeña inocencia
 solitaria.
                                                                                       Albertina Reinón.

Poema sobre una  foto de Geles Núñez