Algo
se muere en el alma
cuando
un amigo se va.
Hoy, 21 de abril,
hemos despedido a nuestro querido amigo Joaquín Hernández Serna, Catedrático de Filología Románica de la Universidad de Murcia.
Conocí
a Joaquín como persona, como profesor, como padre de familia y como amigo, y en
las cuatro facetas, podríamos decir que se merecía una puntuación de Matrícula
de Honor
Se
dedicó a la enseñanza con pasión y llevaba siempre la Universidad pegada a él, como si de una segunda piel se
tratara; por eso, le costó tanto dejarla cuando por los años, que no por las
facultades, no tuvo más remedio que hacerlo. Cuando llegó ese momento, los
amigos sabíamos que lo iba a pasar mal; fue una dolorosa separación emocional para él,
no volver a sus clases, dejar a sus compañeros y a sus alumnos a los que tan
generosamente puntuaba.
En
paralelo, la Universidad también perdió un gran profesor con dedicación
exclusiva, en el más amplio sentido de la palabra; así mismo, perdió un profesor
de figura singular por su atuendo, hoy tan descuidado; impolutamente vestido; le gustaba vestir elegante, elegancia que
paseaba con orgullo por el hermoso claustro de su Universidad.
Dejó
su trabajo pero quedaron los amigos.
Joaquín
era un amigo de “pata negra”, de los pocos que todavía quedan auténticos,
amable, cortés y en extremo generoso .
Ahora
se nos ha ido en un viaje sin retorno, dejándo tras de sí su ausencia, y sus recuerdos.
Lo
vamos a recordar siempre; las mañanas de sol y baño en la mazarronera playa del
Puerto , las conversaciones a la orilla
del mar, las cenas compartidas con los amigos, el helado de rigor después de
cenar en las noches en que la brisa parece detenerse, aunque estés a la orilla
del mar.
Vendrán
otros veranos sin duda, pero ya no serán los mismos; a sus amigos nos ha dejado
un poco huérfanos y lo vamos a notar, ¡vaya si lo vamos a notar!
Y yo
me iré.
Y
anclado quedará mi barco.
Y cuando llegue la tarde,
preguntarán
por mí
las
gaviotas volando.
Y
responderá el viento
de
mi balcón vacío,
y la
brisa salada del verano.
El cielo seguirá siendo azul
Y la
mar… en solitario.
Albertina Reinón

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