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jueves, 21 de abril de 2016

IN MEMORIAM




Algo se muere en el alma
cuando un amigo se va.

Hoy, 21 de abril, hemos despedido a nuestro querido amigo Joaquín Hernández Serna, Catedrático de Filología Románica de la Universidad de Murcia.
Conocí a Joaquín como persona, como profesor, como padre de familia y como amigo, y en las cuatro facetas, podríamos decir que se merecía una puntuación de Matrícula de Honor
Se dedicó a la enseñanza con pasión y llevaba siempre la Universidad   pegada a él, como si de una segunda piel se tratara; por eso, le costó tanto dejarla cuando por los años, que no por las facultades, no tuvo más remedio que hacerlo. Cuando llegó ese momento, los amigos sabíamos que lo iba a pasar mal; fue una dolorosa separación emocional para él, no volver a sus clases, dejar a sus compañeros y a sus alumnos a los que tan generosamente puntuaba.
En paralelo, la Universidad también perdió un gran profesor con dedicación exclusiva, en el más amplio sentido de la palabra; así mismo, perdió un profesor de  figura singular  por su atuendo, hoy tan descuidado;  impolutamente vestido;  le gustaba vestir elegante, elegancia que paseaba con orgullo por el hermoso claustro de su Universidad.
Dejó su trabajo pero quedaron los amigos.
Joaquín era un amigo de “pata negra”, de los pocos que todavía quedan auténticos, amable, cortés y en extremo generoso .
Ahora se nos ha ido en un viaje sin retorno, dejándo tras de sí  su ausencia, y sus recuerdos.
Lo vamos a recordar siempre; las mañanas de sol y baño en la mazarronera playa del Puerto ,  las conversaciones a la orilla del mar, las cenas compartidas con los amigos, el helado de rigor después de cenar en las noches en que la brisa parece detenerse, aunque estés a la orilla del mar.
Vendrán otros veranos sin duda, pero ya no serán los mismos; a sus amigos nos ha dejado un poco huérfanos y lo vamos a notar, ¡vaya si lo vamos a notar!

Y yo me iré.
Y anclado  quedará mi barco.
Y  cuando llegue la tarde,
preguntarán por mí
las gaviotas volando.
Y responderá el viento
de mi balcón vacío,
y la brisa salada del verano.
El  cielo seguirá siendo azul
Y la mar… en solitario.
Albertina Reinón

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