Páginas

lunes, 29 de junio de 2015

FINALES DE JUNIO





Ya el día cruzó la medianoche; ya empieza a caer a plomo el silencio como alfombra azulada; ya exhalan sus perfumes las rosas del jardín desplegando sus pétalos para recibir la caricia fresca, después de una calenturienta tarde de finales de junio.
La luna está velada con un manto tenuemente grisáceo y las buganvillas sueltan sus pétalos  alfombrando el jardín , volviendo la tierra magenta y oro.
Vigila la palmera el ambiente y el cuco y la tórtola ensayan su concierto.
Muda quedó hace tiempo la fuente, y entre las piedras, los pensamientos se niegan a ser reemplazados, obsequiándonos con una frágil y minúscula flor cual mariposa a ras del suelo. 
                                     Albertina Reinón, Textos Íntimos
 

martes, 23 de junio de 2015

HOGUERAS DE S. JUAN





Hogueras de S. Juan
en noche sin luna.
Llamaradas  mecidas por el viento,
clausurados oídos , silenciosos lamentos.

Larga es la espera; el reloj marca implacable
el paso del silencio.
Preparada  la mesa con manjares y flores,
nadie acude al convite.

Nadie acude a la cita de la madre amorosa,
todo queda en el aire como el humo
de la hoguera encendida.

En la puerta. el mensaje ,blanco como paloma
mensajera  herida.

Solo el rumor  del agua de la fuente umbría
rompe el aire cual suspiro de nieve al final de la tarde,
cuando ya la canícula
como la esperanza muere.

Hogueras de S. Juan que el viento mece
y van lanzando en el aire
despojos de ilusiones
como pavesas leves.

Mirar atrás es vano , sólo mirando al frente
vemos el horizonte, allá en el infinito,
donde las penas mueren
y sale el arco iris preñado
de múltiples colores
de esperanza.  
    
                       Albertina Reinón.Textos Íntimos. Reposición


viernes, 19 de junio de 2015

NO SIN MI MÓVIL




     Emulando el título de la novela  de la  escritora estadounidense Betty Mahmoodyen  “No sin mi hija”, me he permitido la licencia de escribir este post que titulo “No sin mi móvil”.
     En su novela, después llevada a cine, Mahmoodyen, da testimonio  de una huida, la fuga en un país opresor en donde la libertad sobre todo de las mujeres brilla por su ausencia.
     En “No sin mi móvil”, pretendo reflexionar hasta qué punto el uso del móvil en la actualidad no nos tiene también secuestrados en un mundo que nos transporta, de la cercanía real a la virtual, haciendo de nosotros esclavos consientes de este aparatito que se ha ido metiendo poco a poco en nuestras vidas,  no sé si voluntaria o inconscientemente.
    Por poco observadores que seamos, salta a la vista lo enganchados que, desde edades bien tempranas, hasta ya bien avanzada la vida, estamos con el móvil; de tal manera, que cuando vamos a salir a la calle, lo primero que echamos  en el bolsillo, es el dichoso aparatito, y el carecer de él, por un olvido, supone zozobra e inquietud , como si el móvil fuera un escudo protector que nos proteje de todo mal.
     En las calles, ya hay avisos a los viandantes  que van a cruzar un paso de peatones; incitando al no uso del móvil en tales circunstancias, por peligro de accidentes, y me consta, que más de uno ha dado con sus narices en una farola atento a su pantalla, olvidándose del mundo que le rodea.
     Estoy segura, que antes de rayar el alba, ya hay personas conectadas, ávidas de emociones nuevas, y hasta  altas horas de la noche, atrapando la  última noticia, foto o chirigota.
     Habrá esclavitud mayor que depender de una máquina para que nuestras endorfinas funcionen?
     Sinceramente creo que nos estamos pasando tres pueblos o más y nos estamos perdiendo otras emociones mucho más saludables.
     Acaso no será esto también una huida, si no de un país físico como  Mahmoody  nos cuenta en su relato, si de nuestro propio país  interior,  en busca de paraísos  en donde corran los arroyos bíblicos de leche y miel?
     Las culturas de la cuenca mediterránea, de donde venimos, egipcia, griega, latina y hebrea, siempre han postulado la búsqueda de la justa medida.
     Pues eso, aprendamos de los antiguos como sanar la crisis de civilización: viviendo sin excesos, en  la justa medida.

Texto: Albertina Reinón
Imágen de Internet






domingo, 14 de junio de 2015

EL PEREGRINO





Peregrinito que vas
por los caminos andando,
cargado  con tu mochila
y con amores soñando.
Cruzando muchos caminos,
                                              los lugares visitando,
 recuerdos para el mañana,
paisajes,  montes y prados.
Peregrino, ten cuidado,
con los abrojos del campo,
que te pueden lastimar
y no llegar a mis brazos.

                                                   Albertina Reinón. Textos Íntimos





sábado, 13 de junio de 2015

PRIMERAS COMUNIONES





     Los meses de mayo y junio son los meses por excelencia para celebrar las Primeras Comuniones.
     Asisto con estupefacción a estos eventos cuando se me requiere por circunstancias familiares o de amistad cercana de los comulgantes, y tengo  que decir, que más que  una experiencia religiosa, me parecen funciones  de teatro; unas con guión estricto y otras, a desbandada; no sabiendo cuál es la mejor.
     Estos eventos, que deberían ser entrañables para los creyentes, se han mercantilizado y han entrado a saco en una sociedad de consumo cada vez más voraz. 
  Recuerdo que mi Primera Comunión fue en pleno verano, concretamente un mes de agosto ya muy lejano en el tiempo, pero cercano en la memoria. Me dieron la Comunión, mis tíos, ambos sacerdotes; Antonio El Pavero,  tío carnal de mi padre y José,  hermano de mi madre.
      Concelebraron la Misa el día de La Virgen de agosto en el que yo recibí la Primera Comunión.
     Bueno, ya contaré en otra ocasión, mi relación con los curas de mi familia, que ha sido mucha, en el caso de mi tío José y menos en el caso de mi tío Antonio El Pavero , al que todos sus sobrinos le llamaba: Chache Antonio. En cualquier caso la suficiente relación para saber de curas y de obispos.
     A lo que iba.
     Para mi Primera Comunión, me vistieron de largo y de blanco, con un casquete y un velo que me llegaba a los pies, privilegio que tuve, en aquellos años de carencias económicas en muchas familias , cuyos hijos hacían la Primera Comunión de corto, como se decía, y que consistía en una vestimenta corriente ,para poder ser utilizada con posterioridad; la verdad hay que decir, que nosotros no es que fuéramos ricos, pero mis padres nos han criado como si lo fuéramos; vete tú a saber a costa de qué sacrificios sería.
     Siguiendo con el ritual, me tuvieron en ayunas desde la noche anterior, para poder comulgar, como decía el catecismo del Padre Ripalda, el cual, nos teníamos que saber de memoria; también teníamos que confesarnos la víspera a última hora, para que no nos diera tiempo a pecar otra vez, antes de comulgar.
     Me extrañó mucho que mi padre no  acompañara a mi madre a comulgar conmigo, pero nunca se lo pregunté; con posterioridad me enteré,  que a mi padre no le gustaba confesar con curas; él decía que le gustaba más confesarse con Dios, pero a los curas no les gustaba esa confesión, así que no podía comulgar; cosas de los curas, decía. Y es que en aquellos años el Papa Francisco todavía no era Papa.
     Al salir de la Iglesia, no fuimos a restaurante alguno, sino que fuimos a mi casa todos los familiares invitados, junto con los vecinos colindantes y, sentados en círculo, mi madre repartió chocolate y bizcochos, para después comer arroz o estofado de carne; por supuesto nada de aperitivos, ni cerveza, ni coca-colas. ni chuches, porque todas esas cosas todavía no se habían inventado.
     Ahora las Primeras Comuniones parecen bodas.  Y ya, para terminar, diré que  incluso conozco a padres que hacen a sus hijos comuniones laicas, en los restaurantes, con vestido, regalos y número de cuenta corriente. Esto  ya, sí que  es el colmo de los colmos.

                                                              Albertina Reinón. Textos Íntimos