Emulando el título de la novela de la escritora estadounidense Betty Mahmoodyen “No sin mi
hija”, me he permitido la licencia de escribir este post que titulo “No sin mi
móvil”.
En su
novela, después llevada a cine, Mahmoodyen, da testimonio de una huida, la fuga en un país opresor en
donde la libertad sobre todo de las mujeres brilla por su ausencia.
En “No sin
mi móvil”, pretendo reflexionar hasta qué punto el uso del móvil en la
actualidad no nos tiene también secuestrados en un mundo que nos transporta, de
la cercanía real a la virtual, haciendo de nosotros esclavos consientes de este
aparatito que se ha ido metiendo poco a poco en nuestras vidas, no sé si voluntaria o inconscientemente.
Por poco
observadores que seamos, salta a la vista lo enganchados que, desde edades bien
tempranas, hasta ya bien avanzada la vida, estamos con el móvil; de tal manera,
que cuando vamos a salir a la calle, lo primero que echamos en el bolsillo, es el dichoso aparatito, y el
carecer de él, por un olvido, supone zozobra e inquietud , como si el móvil fuera
un escudo protector que nos proteje de todo mal.
En las
calles, ya hay avisos a los viandantes que van a cruzar un paso de peatones;
incitando al no uso del móvil en tales circunstancias, por peligro de
accidentes, y me consta, que más de uno ha dado con sus narices en una farola
atento a su pantalla, olvidándose del mundo que le rodea.
Estoy segura,
que antes de rayar el alba, ya hay personas conectadas, ávidas de emociones
nuevas, y hasta altas horas de la noche, atrapando la última noticia, foto o chirigota.
Habrá
esclavitud mayor que depender de una máquina para que nuestras endorfinas
funcionen?
Sinceramente
creo que nos estamos pasando tres pueblos o más y nos estamos perdiendo otras
emociones mucho más saludables.
Acaso no
será esto también una huida, si no de un país físico como Mahmoody
nos cuenta en su relato, si de nuestro propio país interior,
en busca de paraísos en donde
corran los arroyos bíblicos de leche y miel?
Las culturas
de la cuenca mediterránea, de donde venimos, egipcia, griega, latina y hebrea,
siempre han postulado la búsqueda de la justa medida.
Pues eso,
aprendamos de los antiguos como sanar la crisis de civilización: viviendo sin
excesos, en la justa medida.
Texto: Albertina Reinón
Imágen de Internet

Así es Albertina, en esta reflexión literaria haces una perfecta descripción de ese mundo virtual en el que en mayor o menor medida muchos estamos metidos.
ResponderEliminarEnhorabuena.
un abrazo.