Páginas

viernes, 19 de junio de 2015

NO SIN MI MÓVIL




     Emulando el título de la novela  de la  escritora estadounidense Betty Mahmoodyen  “No sin mi hija”, me he permitido la licencia de escribir este post que titulo “No sin mi móvil”.
     En su novela, después llevada a cine, Mahmoodyen, da testimonio  de una huida, la fuga en un país opresor en donde la libertad sobre todo de las mujeres brilla por su ausencia.
     En “No sin mi móvil”, pretendo reflexionar hasta qué punto el uso del móvil en la actualidad no nos tiene también secuestrados en un mundo que nos transporta, de la cercanía real a la virtual, haciendo de nosotros esclavos consientes de este aparatito que se ha ido metiendo poco a poco en nuestras vidas,  no sé si voluntaria o inconscientemente.
    Por poco observadores que seamos, salta a la vista lo enganchados que, desde edades bien tempranas, hasta ya bien avanzada la vida, estamos con el móvil; de tal manera, que cuando vamos a salir a la calle, lo primero que echamos  en el bolsillo, es el dichoso aparatito, y el carecer de él, por un olvido, supone zozobra e inquietud , como si el móvil fuera un escudo protector que nos proteje de todo mal.
     En las calles, ya hay avisos a los viandantes  que van a cruzar un paso de peatones; incitando al no uso del móvil en tales circunstancias, por peligro de accidentes, y me consta, que más de uno ha dado con sus narices en una farola atento a su pantalla, olvidándose del mundo que le rodea.
     Estoy segura, que antes de rayar el alba, ya hay personas conectadas, ávidas de emociones nuevas, y hasta  altas horas de la noche, atrapando la  última noticia, foto o chirigota.
     Habrá esclavitud mayor que depender de una máquina para que nuestras endorfinas funcionen?
     Sinceramente creo que nos estamos pasando tres pueblos o más y nos estamos perdiendo otras emociones mucho más saludables.
     Acaso no será esto también una huida, si no de un país físico como  Mahmoody  nos cuenta en su relato, si de nuestro propio país  interior,  en busca de paraísos  en donde corran los arroyos bíblicos de leche y miel?
     Las culturas de la cuenca mediterránea, de donde venimos, egipcia, griega, latina y hebrea, siempre han postulado la búsqueda de la justa medida.
     Pues eso, aprendamos de los antiguos como sanar la crisis de civilización: viviendo sin excesos, en  la justa medida.

Texto: Albertina Reinón
Imágen de Internet






1 comentario:

  1. Así es Albertina, en esta reflexión literaria haces una perfecta descripción de ese mundo virtual en el que en mayor o menor medida muchos estamos metidos.
    Enhorabuena.
    un abrazo.

    ResponderEliminar