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domingo, 26 de abril de 2015

MANERAS DE MORIR



    No hay nada más cierto que la muerte; siempre la llevamos pisándonos los talones; a veces escapamos, afortunadamente, y la esquivamos todo lo que podemos por ese afán de supervivencia que todos los seres llevamos impreso en nuestro código genético.  Siempre la tenemos al acecho para  atraparnos en el más mínimo descuido y cortar de un tajo nuestros sueños.
    Hay muchas formas de morir y hay quien está muerto en vida. 
   Cuando una persona pierde la ilusión por hacer cosas nuevas , por emprender algún proyecto, por mínimo que sea; cuando cierra la puerta a sus sentidos , ese día, ya ha empezado a morir, ya ha abierto una pequeña brecha en la puerta de su existencia, el don más precioso que nos dotó la vida.
    Muchas personas mueren sin darse cuenta que hacía muchos años que habían dejado de existir, habiendo pasado los mejores años de su vida en inútiles lamentaciones, sin ver ni oír, ni percibir, lo bueno que tiene al alcance de la mano y no es capaz de saborear y disfrutar.
    Conozco a personas que se pasan el día mirándose el ombligo y observándose minuciosamente a cada instante, como si de enfermedad terminar fueran presa y luego resulta que dejan de respirar cuando ya son nonagenarios.

    Para mí, esas personas murieron jóvenes y no se percataron de ello.
 Morir no es dejar de respirar; morir es dejar de amar, de reír, de disfrutar cada día con el regalo de un amanecer o un anochecer; deleitarse con el sonido del mar y el viento; con el perfume de una flor; con el abrazo de un amigo; con el ardiente beso de un amante; con la sonrisa de un niño o el canto de un ruiseñor al despuntar el alba.
    Si alguna vez dejo de vivir sin morir creo que me acicalaré como si a fiesta fuera; me perfumaré, tomaré una buena dosis de algo letal;  abriré una botella de champán,pondré música romántica , y me tumbaré hasta dejar de respirar. 

   Eso sería una manera elegante de morir.

Texto Albertina.
Foto de la red. Derechos reservados

jueves, 16 de abril de 2015

AMORES CADUCADOS

                                                         

No fuerces tu sentir en este lance

de amores caducados por manidos,

no quieras sacar del pozo olvidos

deja correr el agua en la pendiente.

No quiero amor que no sea puro,

sincero, fiel, fuerte, dolorido,

que me haga temblar con sus abrazos,

que me haga soñar con sus suspiros.

Siento que el viento arrebató susurros,

que el sol abrasó lo más querido,

que en el huir de aquello que nos une,

quedaron los jirones del destino.

Amor,¿ te fuiste, te escondiste,

 estás en el olvido?

¿Acaso quedan algunas brasas en el nido?

¿Puede avivar el viento el fuego, quitar

con suavidad este moho, esta hojarasca,

que taponó de un golpe lo vivido?

¿Lucirá  esplendoroso como antaño fue,

el ánimo de este cielo gris , descolorido?

¿Acaso cerró su boca el tiempo,

paralizó su corazón la ilusión vana,

de falsas primaveras y engañosas pasiones?

Ya  cubrió la nieve los paisajes

de aquellos prados verdes

tornados de amarillos girasoles.

Desnudo  y arisco quedó el sonido

de la alegre risa  de otros tiempos,

hundida en el bravo mar de los  olvidos.

¿Levantará presto el vuelo

 este mudo silencio
                                                                              
             y volverá a surgir aquel amor dormido
                                                     
                   aletargado, quizás ,caduco ya... manido?
                                                                                               Albertina Reinón. Poesía amorosa

Imagen de la red.Derechos reservados

lunes, 13 de abril de 2015

MASAJE CHINO




Esta mañana me desperté temprano; últimamente duermo poco y arrastro cansancio, acumulando tensión en mi musculatura que se vuelve tensa y molesta.
Me acuesto tarde y sobre las siete de la mañana o antes, ya estoy con los auriculares puestos escuchando las noticias matinales, esperando alguna buena nueva,  o en emisoras de solo música como Revive en la 87.5 y así dormitando, espero a las nueve para levantarme; tampoco tengo prisas a excepción del tiempo vacacional de mis nietos que son muy madrugadores, y los tengo que cuidar, pero hoy no era el caso.
Así, que me levanto, me ducho y se me ocurre la idea de ir a darme un masaje, cosa que no había hecho nunca, a pesar de las recomendaciones de algunas de mis amigas que me decían que se quedaban como nuevas.
 Frecuentemente paso por la puerta de un Centro de Estética chino  en donde en grandes carteles se  incita a entrar: Masaje relajante, Reflexología podal, Manicura, Pedicura…Terapia de relax.
Pensé para mí, que ese sería el lugar en donde me iban arreglar mis doloridos y tensos músculos de la espalda e incluso estaba decidida a sacarme un bono para ir con frecuencia; menos mal que no lo hice.
Os cuento: 
Entro y 3 chinitas atendiendo a clientes,  yo solicito un masaje relajante porque me dolía mucho la espalda y la jefa designa a una masajista de una altura  no más de metro y palmo, como dicen en esta tierra.
Pues bien, allá que voy detrás de la chinita y me lleva a una cabina con camilla forrada de rojos y dorados, ya sabéis como le gustan esos colores a los chinos, pone una toalla grande blanca y me dice por señas que me quite la ropa de cintura para arriba me desabroche el botón del pantalón y me tumbe boca abajo en la camilla; hasta aquí todo normal.
Ahí vamos! Lo primero que hace es untarme de algo resbaladizo, no sé si crema o aceite para pasar a la acción; bueno, os diré que a los tres minutos de empezar parecía que estaba  pasando por mi espalda de arriba  abajo un tren de mercancías de catorce vagones como mínimo. Yo al principio me reía y pensaba ya aflojará, pero, ¡ qué va!
 Aceleraba con intensidad tal su fuerza, que yo no sé de dónde la sacaría, hasta el punto, que me hacía  un daño de mil demonios cosa que le dije, a ver si aflojaba, pero lo único que decía era:" yo no complendel, yo chino, yo chino" y ahí continuaba estirando mis carnes hacia arriba y abajo, creyendo yo que al final carne y hueso acabarían por separarse.
Bueno, pues así seguía y seguía y yo me quejaba de puro dolor a la par  que me reía por lo grotesco de mi situación, por lo que la chinita debería estar desconcertada y aceleraba su trabajo asemejando sus manos ora a tren descarrilando por mi espina dorsal ora dándome palmetazos en los omóplatos a modo de batán, con tal intensidad que me ha dejado condolida como si me hubiera caído desde un quinto piso.
Menos mal que es su ascenso masajil, cuando llegaba a la nuca le gritaba ¡ahí no, ahí no! y eso si lo debió entender porque rectificaba y cambiaba de ruta porque si la dejo, es capaz de dejarme parapléjica.
Al terminar el masaje y pagar por el servicio las tres chinitas me hicieron una reverencia a la par que decían “glacias, glacias” y yo les contesté:
 Esperadme que vuelvo.

Albertina Reinón . Experiencias de vida

miércoles, 8 de abril de 2015

CUENTOS PARA MIS NIETOS




EL BUHO Y LA LUCIÉRNAGA
  En tiempos en que el aire era puro y la Naturaleza se ofrecía con todo su esplendor existió un búho llamado Hip que le gustaba muchísimo hacer travesuras a pesar de las advertencias de sus padres para que volviera pronto a casa y los rayos del sol no dañaran sus grandes ojos amarillos.
   A Hip le gustaba salir  todos los días a pasear en cuanto el sol se ocultaba detrás de las altas montañas que rodeaban el valle y volaba y volaba... haciendo piruetas en el aire y cantando su canción favorita uh, uh, uh…!  uh uh, uh…!
   Como la noche era muy cálida las luciérnagas que vivían cerca del pantano salieron a pasear y a tomar el fresco con sus faroles encendidos, y una de ellas oyó el canto del búho, y mirando hacia arriba alzó el vuelo para dialogar con él.
   Hip y la luciérnaga hicieron planes para inspeccionar el valle aquella noche estrellada y calurosa, para ver qué cosas sucedían a ras de tierra, y descubrieron como multitud de pequeños animalitos habían salido también de sus cobijas y disfrutaban del fresco panza arriba, observando el pequeño destello de luz de la luciérnaga y escuchando la canción favorita del búho uh, uh, uh…!
   Como todos se sentían tan bien no se dieron cuenta de que pronto se haría de día y el sol saldría  de su escondite estirando sus brazos para desperezarse después de una noche de  sueño profundo.
   Todos los animales nocturnos se dieron prisa en volver a sus guaridas, pero Hip se había alejado demasiado y cuando volvió a su hogar ya era pleno día y sus padres estaban muy preocupados por su tardanza, por lo que se llevó una buena regañina; la luz del sol había dañado un poquito sus grandes ojos amarillos por lo que tuvieron que llevarlo al oculista.
   Y colorín colorete, por la ventana de la casita de Hip salieron cohetes.
                        Albertina Reinón.