Páginas

viernes, 3 de abril de 2015

NOCHE DE JUEVES SANTO EN MI CIUDAD



  
Sobre las nueve de la noche aumenta el ajetreo en los aledaños de la Iglesia de S. Lorenzo cuyas puertas están cerradas a cal y canto.
    A medida que pasan los minutos crece el nerviosismo de la gente que transita, intentando colocarse en  los lugares más estratégicos para vivir la experiencia de la salida del templo del Cristo del Refugio.
   Es uno  de mis desfiles favoritos de Semana Santa, pero nunca  había vivido esa experiencia espiritual,  de verlo salir de la iglesia.
   Diez de la noche, se van apagando poco a poco los murmullos de la gente, como se apagan las luces de la ciudad, y un golpe seco se oye tras las altas puertas de madera que cierran el sacro recinto, anunciando su inmediata apertura. He tenido la suerte de encontrar un hueco justo enfrente  y expectante concentro mis sentidos.
   Comienzan a salir estandartes y penitentes encapuchados como rio negro y morado acompañados de la coral que en la puerta los recibe; y al fondo, siempre al fondo, la imagen del crucificado sobre talud de claveles rojos como su sangre derramada.
   Toda una simbología de colores de pasión y sufrimiento.
   Impresiona la imagen saliendo por las puerta del templo a hombros de penitentes, solo iluminados por la tenue luz de sus  faroles y acompasados por el sonido ronco del tambor.
  Veo a este  Cristo humillado en la Cruz, como símbolo del dolor humano: de los enfermos, de los parados, de los desahuciados, de los impedidos, de los marginados, de los oprimidos, de las víctimas de la opulencia, de los  incomprendidos…Todo el dolor humano se concentra en el rostro de este Cristo Crucificado en esta oscura noche alumbrada por luces de farol y acompasada por cánticos sacros,  invitando  a la reflexión y al recogimiento.
                                                             Albertina Reinón. Textos Íntimos
Foto de La Opinión
Texto propio

No hay comentarios:

Publicar un comentario