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lunes, 30 de marzo de 2015

SEMANA DE PASIÓN



        La luz pálida de una habitación de hospital, iluminaba la estancia dividida por una cortina en dos habitáculos.
       El dolor del enfermo se compartía, como se compartía la luz y la estancia. Las idas y  venidas de enfermeras y auxiliares no pararon durante la larga noche primaveral con olor a sangre y orín, en contraste con el olor que en este tiempo inunda la ciudad.
     No todo es fiesta  en primavera, no todo son olores a azahares y alhelíes. Hay, a veces, olores olvidados, olores a dolor, olores a desesperanza.  Se oyen a lo lejos, en la calle, tambores de pasión   y en  la pequeña habitación de este hospital suenan cada noche, lamentos de auténtico dolor humano.
    La pasión la vive cada día Ángel, en su lecho, y su esposa, y su hermana, que  lo acompañan cada noche,  como María y las mujeres bíblicas acompañaban a Jesús camino del Gólgota.
   Yo soy una espectadora ante tanto dolor; acompaño al enfermo que duerme en su recuperación como dormía Pedro en la noche del Prendimiento, ajeno al dolor de su compañero.
   Como el río divide la ciudad, la cortina  divide el mundo del dolor, de  esta habitación, de luz amarillenta y olores a desesperanza.
                                                                                Albertina Reinón. Textos Íntimos

 Texto recuperado de mi archivo personal
Imagen de la red. Derechos reservados

miércoles, 25 de marzo de 2015

CALLES SOLITARIAS EN ENERO



Calles solitarias en enero
estrenando calzada,
esperando expectantes
  la fiesta y la jarana.

En medio de la plaza, la farola,
 testigo de secretos y tertulias veladas.

Manando sin cesar a la derecha la fuente centenaria.
  Agua cristalina , fría, saciante pura y solidaria…  
Cantado día y noche sin descanso
  agua y piedra hermanadas.

Presidiendo la plaza está la Iglesia,
con su torre, su reloj y su campana,
 marcando las horas y los cuartos
de toda la jornada.

Calles solitarias, frías , silenciosas,
  soleada mañana ,
 y cruzando el cielo… Un ave despistada.
                              Albertina Reinón. Textos Íntimos


domingo, 22 de marzo de 2015

TARDE DE MARZO



Viste galas ni jardín
 en este marcero tiempo
                                                Con ropajes carmesí
                                               y mantos de terciopelo.

  Azahares y lavandas, romero en flor,
 nisperero.
Ciruelos llenos de flores
 y el canto de los jilgueros.
 La parra ya está brotando,
 tímidamente por cierto,
los cipreses cual guardianes,
centinelas, muy derechos,
y el cantar de varios mirlos,
 y un gorrión que cruza el cielo.
Las palmeras asustadas están,
 por si las pica el bichuelo,
que muerte segura es
cuando invade su terreno.
   La tarde es húmeda, y a lo lejos....
 se oye un trueno.
                                          Qué dulce es la primavera
 en mi jardín y en mi huerto,
cuando el ocaso se acerca
se abren claros en el cielo ,
y mueve  el  laurel sus hojas
 al compás de los luceros.
                                                               A.Reinón.Textos Íntimos 


lunes, 16 de marzo de 2015

EL ESPEJO QUEBRADO






En un rincón de mi hogar
existe un espejo quebrado.
Cuando a veces lo miro, mi cara
la surcan heridas profundas.
Mis manos se quedan sin dedos,
se paralizan mis pies,
y mi cuerpo se parte en mil pedazos.
Mi corazón…en suspense,
en un instante de angustia.
Quisiera guardar ese espejo
 en un lugar lejano
de mi memoria.
Pero el espejo permanecerá inamovible
hasta el fin de mis días. 


  Texto:Albertina                                                         
                                           Imagen de la Red. Derechos reservados

sábado, 14 de marzo de 2015

LA PIEL MARCADA . FINAL

                                                    EPÍLOGO
 
    Después de escuchar la noticia, Gladys salió a la calle y respiró profundamente el aire fresco de la mañana; el sol empezaba a calentar y el rugir del tráfico de la gran ciudad dejó de molestarle; por un momento se cruzaron imágenes de su lejano y brumoso Gales y una sonrisa amarga se desvaneció en su rostro al pronto que una lágrima escapó rodando por su mejilla.   
   Se había liberado del dolor y la rabia que albergó durante tantos años en su corazón de mujer mancillada en su infancia. No sentía culpa ni remordimiento alguno.
  Nunca se resolvió el crimen cometido aquella noche de tormenta en un apartamento de la gran ciudad; nadie vio ni oyó ni dejó huella alguna en el lugar de los hechos.
                                         El caso quedó archivado.

Texto:Albertina
Imágenes de la Red. Derechos reservados


jueves, 12 de marzo de 2015

LA PIEL MARCADA. CAPÍTULO IV



    Gladys creció pegada a la tragedia que marcó su vida; estuvo siempre al cuidado de personas emocionalmente ajenas a su inocencia bajo la vigilancia de su padre que la veía crecer y convertirse en una mujercita de cabellos color de azafrán y grandes ojos soñadores que le recordaban los días vividos con su madre aquel lejano verano en la Costa Brava junto al mar.


 El poco tiempo que dedicaba a su hija, la acariciaba con sutil obscenidad, y poco a poco, a medida que Gladys crecía, crecía en su padre el deseo enfermizo de la lujuria, como crecen  las olas del océano en una noche de tormenta sin poder nadie contener el mar embravecido del instinto enfermizo hacia aquel cuerpo frágil de niña adolescente.

 Fue una noche cualquiera, lluviosa como tantas noches en aquel otoño infernal de viento y bruma cuando Thomas llegó a su casa oliendo a ginebra.



Con voz entrecortada y ronca llamó a la puerta de la habitación de Gladys; no esperó respuesta y entró; la besó y acarició de manera violenta, dejando su huella en el frágil cuerpo forzado de su hija que enmudeció de puro terror. Después se dio la vuelta, dejando al descubierto de su torso desnudo el dragón rojo tatuado en su espalda.
    La misma imagen que quedó tatuada en la mente de la pequeña Gladys. Caían los otoños por la vida de la joven como caen las hojas de los sauces, refugiándose en el estudio para eludir la presencia siempre desagradable de su progenitor.
   Thomas hacía años que había vuelto a formar pareja con una mujer de su círculo de amistades y llegó el momento que Gladys decidió volver a Madrid una vez terminados sus estudios ya que conservaba allí una vivienda heredada de sus abuelos maternos.
   Aquella joven galesa de ojos soñadores y pelo color de azafrán siempre mantuvo en secreto su infamia; nunca olvidaría aquella profanación de su infancia y eso le dificultaba enormemente mantener relaciones con hombres que se enamoraban de su exótica belleza; clausuró su corazón a cal y canto para todo enamoramiento ya no tan juvenil y veía a los hombres siempre recelosa, muy cortés y amable en el trato, pero no dejaba penetrar en su emoción ningún pequeño resquicio de confianza.
 Gran profesional, aparentemente altanera, llamaba la atención por su estilizado cuerpo y su ondulada melena cobriza, siempre subida en altos tacones que aumentaban su natural elegancia.


 Aparentemente había borrado de su cabeza su país natal, al que nunca desde entonces volvió; haciendo lavado de sus recuerdos, vivía relacionada con su  familia materna en un barrio céntrico de la capital española. 



Texto: Albertina
Imágenes cogidas de la Red. Derechos reservados