Páginas

lunes, 13 de abril de 2015

MASAJE CHINO




Esta mañana me desperté temprano; últimamente duermo poco y arrastro cansancio, acumulando tensión en mi musculatura que se vuelve tensa y molesta.
Me acuesto tarde y sobre las siete de la mañana o antes, ya estoy con los auriculares puestos escuchando las noticias matinales, esperando alguna buena nueva,  o en emisoras de solo música como Revive en la 87.5 y así dormitando, espero a las nueve para levantarme; tampoco tengo prisas a excepción del tiempo vacacional de mis nietos que son muy madrugadores, y los tengo que cuidar, pero hoy no era el caso.
Así, que me levanto, me ducho y se me ocurre la idea de ir a darme un masaje, cosa que no había hecho nunca, a pesar de las recomendaciones de algunas de mis amigas que me decían que se quedaban como nuevas.
 Frecuentemente paso por la puerta de un Centro de Estética chino  en donde en grandes carteles se  incita a entrar: Masaje relajante, Reflexología podal, Manicura, Pedicura…Terapia de relax.
Pensé para mí, que ese sería el lugar en donde me iban arreglar mis doloridos y tensos músculos de la espalda e incluso estaba decidida a sacarme un bono para ir con frecuencia; menos mal que no lo hice.
Os cuento: 
Entro y 3 chinitas atendiendo a clientes,  yo solicito un masaje relajante porque me dolía mucho la espalda y la jefa designa a una masajista de una altura  no más de metro y palmo, como dicen en esta tierra.
Pues bien, allá que voy detrás de la chinita y me lleva a una cabina con camilla forrada de rojos y dorados, ya sabéis como le gustan esos colores a los chinos, pone una toalla grande blanca y me dice por señas que me quite la ropa de cintura para arriba me desabroche el botón del pantalón y me tumbe boca abajo en la camilla; hasta aquí todo normal.
Ahí vamos! Lo primero que hace es untarme de algo resbaladizo, no sé si crema o aceite para pasar a la acción; bueno, os diré que a los tres minutos de empezar parecía que estaba  pasando por mi espalda de arriba  abajo un tren de mercancías de catorce vagones como mínimo. Yo al principio me reía y pensaba ya aflojará, pero, ¡ qué va!
 Aceleraba con intensidad tal su fuerza, que yo no sé de dónde la sacaría, hasta el punto, que me hacía  un daño de mil demonios cosa que le dije, a ver si aflojaba, pero lo único que decía era:" yo no complendel, yo chino, yo chino" y ahí continuaba estirando mis carnes hacia arriba y abajo, creyendo yo que al final carne y hueso acabarían por separarse.
Bueno, pues así seguía y seguía y yo me quejaba de puro dolor a la par  que me reía por lo grotesco de mi situación, por lo que la chinita debería estar desconcertada y aceleraba su trabajo asemejando sus manos ora a tren descarrilando por mi espina dorsal ora dándome palmetazos en los omóplatos a modo de batán, con tal intensidad que me ha dejado condolida como si me hubiera caído desde un quinto piso.
Menos mal que es su ascenso masajil, cuando llegaba a la nuca le gritaba ¡ahí no, ahí no! y eso si lo debió entender porque rectificaba y cambiaba de ruta porque si la dejo, es capaz de dejarme parapléjica.
Al terminar el masaje y pagar por el servicio las tres chinitas me hicieron una reverencia a la par que decían “glacias, glacias” y yo les contesté:
 Esperadme que vuelvo.

Albertina Reinón . Experiencias de vida

No hay comentarios:

Publicar un comentario