EL
BUHO Y LA LUCIÉRNAGA
En
tiempos en que el aire era puro y la Naturaleza se ofrecía con todo su
esplendor existió un búho llamado Hip que le gustaba muchísimo hacer travesuras
a pesar de las advertencias de sus padres para que volviera pronto a casa y los
rayos del sol no dañaran sus grandes ojos amarillos.
A Hip
le gustaba salir todos los días a pasear
en cuanto el sol se ocultaba detrás de las altas montañas que rodeaban el valle
y volaba y volaba... haciendo piruetas en el aire y cantando su canción favorita
uh, uh, uh…! uh uh, uh…!
Como la
noche era muy cálida las luciérnagas que vivían cerca del pantano salieron a
pasear y a tomar el fresco con sus faroles encendidos, y una de ellas oyó el
canto del búho, y mirando hacia arriba alzó el vuelo para dialogar con él.
Hip y
la luciérnaga hicieron planes para inspeccionar el valle aquella noche
estrellada y calurosa, para ver qué cosas sucedían a ras de tierra, y descubrieron
como multitud de pequeños animalitos habían salido también de sus cobijas y disfrutaban
del fresco panza arriba, observando el pequeño destello de luz de la luciérnaga
y escuchando la canción favorita del búho uh, uh, uh…!
Como
todos se sentían tan bien no se dieron cuenta de que pronto se haría de día y
el sol saldría de su escondite estirando
sus brazos para desperezarse después de una noche de sueño profundo.
Todos los animales nocturnos se dieron prisa en volver a sus guaridas, pero Hip se había alejado demasiado y cuando volvió a su hogar ya era pleno día y sus padres estaban muy preocupados por su tardanza, por lo que se llevó una buena regañina; la luz del sol había dañado un poquito sus grandes ojos amarillos por lo que tuvieron que llevarlo al oculista.
Todos los animales nocturnos se dieron prisa en volver a sus guaridas, pero Hip se había alejado demasiado y cuando volvió a su hogar ya era pleno día y sus padres estaban muy preocupados por su tardanza, por lo que se llevó una buena regañina; la luz del sol había dañado un poquito sus grandes ojos amarillos por lo que tuvieron que llevarlo al oculista.
Y
colorín colorete, por la ventana de la casita de Hip salieron cohetes.
Albertina Reinón.

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