Páginas

lunes, 9 de mayo de 2016

DIARIO DE LAS COSAS PERDIDAS. EL DÍA QUE PERDÍ LA VIRGINIDAD



Todos los días vamos perdiendo cosas: unas importantes,  otras menos, pero todas, insignificantes o notables, sustanciales, materiales,  tangibles, espirituales, o idealistas, todas en fin, forman parte de nuestro patrimonio, que como personas, vamos acumulando a lo largo de nuestro recorrido por la vida y que en un”plis plas” las perdemos, dejando todas y cada una de ellas su hueco en nuestra vida, su hueco y su recuerdo; recuerdo que a veces, el tiempo diluye y otras, permanece pegado a nuestra piel, hasta el final de nuestros días. 

CAPÍTULO I

 EL DÍA QUE PERDÍ LA VIRGINIDAD

     Como la mayoría de las mujeres de mi generación, digo la mayoría porque siempre hay excepciones,  perdí la virginidad el día en que el cura me dijo en un acto solemne: “Yo os declaro marido y mujer”
     Para las mujeres de mi generación perder la virginidad antes de casarse por la Iglesia- bueno, tampoco se  podía casar una de otra manera- era muchísimo peor que perder un brazo, o un ojo, porque perder la virginidad, era perder la honra, no solo la tuya, sino la de tus padres y tus hermanos, a los que todos mirarían con cierto desprecio.
    El sexto mandamiento era de estricto cumplimiento, so pena de estar bajo sospecha de no ser una persona decente.
     Afortunadamente los tiempos han cambiado a mejor.
    No quiero ni pensar la tragedia que hubiera supuesto haberle dicho  a mis padres que estaba embarazada sin haberme casado. Un horror de situación que ya procurábamos nosotras  evitar.
    Bueno, pues con este panorama, en plena efervescencia hormonal de los años   jóvenes, se formaban matrimonios casi en la adolescencia, para no vivir en pecado mortal y de paso salvar la honra de nuestras familias y todos contentos; al menos aparentemente.
   Si nunca entendí, por qué se le daba tanta importancia al sexto mandamiento, cada día que pasa lo entiendo menos.
   La práctica sexual en los humanos siempre ha estado cargada de connotaciones peligrosas y pecaminosas; siempre encaminadas a la procreación y dentro de una estructura legal.
   ¿Qué pasa con esta concepción del sexo? Pues simple y llanamente que la mayoría de las mujeres de mi generación, hemos vivido taradas la mitad de nuestra vida y de tanto frenar impulsos los impulsos terminan   por morir.
    Ahora sé, que practicar sexo con una persona que amas, no solamente no es malo sino que es buenísimo.
   Y voy más lejos, practicar sexo es bueno y saludable, siempre que sean relaciones consentidas por ambas partes y no haya perjuicio ni daño a terceros.
   Oigo a veces voces que susurran: nosotros ya no tenemos edad, y yo me quedo a cuadros,
    Claro que no tenemos edad, pero es para saltar con pértiga o para hacer el pino, o para caminar  a la pata coja cinco kilómetros.

O no estáis de acuerdo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario