Páginas

lunes, 7 de marzo de 2016

AGRIDULCE




 Rosa se pasaba el día gritando a los cuatro vientos que le habían concedido la medalla.
   -Rosita, ¿de qué medalla me hablas?
   -De la medalla al valor, decía Rosita con cara sonriente, dejando al descubierto algunos huecos entre sus dientes ya gastados por los años.
   A Rosa, se le iluminaba la cara cuando pensaba en el imaginario trofeo, que con impaciencia esperaba, y allí, sentada en su silla de ruedas, con su viejo bolso entre las manos , en aquellos largos pasillos de la Residencia, esperaba estoicamente el día de su condecoración.
   Debió de ser algún alma caritativa de las muchas que todavía hoy quedan por el mundo quien compró en algún bazar, la medalla más grande que pudo encontrar y se la  impuso. Desde entonces, Rosita la luce con orgullo en su pecho; una medalla dorada, como un plato de grande, pendiendo de una cinta con los colores de la bandera española. Rosita, muy ufana, presume y se jacta de su trofeo cada día, y lo muestra a todo el que se acerca, a la vez que sonríe y se ahueca como un pavo cuando le das la enhorabuena.
   Hace ya varios meses que  murió "La Gálvez".
   Ángeles, "La Gálvez", como todos la llamaban, se pasó los últimos años de su vida contando. A la hora que fueras, te la encontrabas con la misma cantinela, de uno en uno del cincuenta al sesenta a grito pelado; yo no me explico como aguantaba semejante maratón y no caía exhausta y rendida.
   Ángeles , en su juventud , debía de haber sido una mujer de buen parecer, pero después ,sus ojos claros se vidriaron, volviéndose mortecinos, y  su sonrisa se congeló, dejando su cara inexpresiva.
   Aferrada a su muñeca paseaba su cojera por aquellos pasillos sin cesar de contar.
   Como Rosita y Ángeles hay muchas mujeres en el siglo XXI; cada una con su historia, con su equipaje, con su soledad a cuestas, con sus sueños dormidos sin posibilidad de despertar.
    Olvidaron el mundo y pasaron a vivir en paraísos perdidos, al margen de la realidad que las envuelve.

                                          Albertina Reinón. Historias para no contar.


Imagen de Paratimujer.US


No hay comentarios:

Publicar un comentario