A solas
con la tarde, hundo mis pies descalzos
en la
blanda arena, donde el agua se besa.
Plomizo
y blanco el cielo que nos cubre
en este postrero atardecer, de agosto agonizante.
Limpian
de despojos la playa las gaviotas
y
palomas, para volver después
volando
hacia sus nidos.
Huyendo
de este mar, quedó ya la suave arena
cual
desierto sin luces,
ausente
de risas infantiles.
Los
amantes se fueron,
y
quedaron más desnudas las rocas,
de
abrazos y susurros.
Se
derrumbó la almena del último castillo,
y cayó
la bandera de la torre más alta.
Protesta el bravo mar en soledad tardía,
vistiendo
bordada enagua de grises ondas,
como
este cielo plomizo...vespertino,
para
pasar la noche huérfana de estrellas.
Hundo
mi cuerpo en este mar que extrañaré mañana,
y fundo
mis anhelos en este atardecer que agoniza.
Algún
día quizás, brille de nuevo el sol,
y el
bravo mar orqueste su mágica canción
arrullando
mis sueños.
31 de Agosto de 2015 Albertina Reinón. Textos
Íntimos

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