Mi
primer nieto vino al mundo con un equipaje lleno de lágrimas; ya desde los
primeros días apenas dejaba descansar a su madre , que exhausta , pasaba el día
como zombi , de no haber pegado un ojo en toda la noche.
Todos pensábamos , que su actitud
mejoraría con el suceder de los días, pero hace dos años y medio que esto
empezó y sigue con sus llantos , ahora enrabietados, produciendo desasosiego en
padres, abuelos y vecinos, que con frecuencia lo tenemos como música de fondo ,
ya incorporada al paisaje.
Llora al levantarse, al acostarse, a la
hora de comer a la de merendar a la de
cenar y a la de acostarse, por lo que pudiéramos decir , que es un llorón de
campeonato.
Tal es así, que su tío abuelo Ulpiano le
puso a los pocos meses de nacer el sobrenombre de “forrinches”.
“Forrinches,” se llama Alberto ,por su
abuela materna a la que su padre le concedió el honor de colocarle el de su
madre, a la que nunca conoció y de la que siempre tuvo añoranza .Total ,que
nieto y abuela sólo cambian al final de
sus nombres la a por la o.
Aunque llore tanto y por todo, ni que
decir tiene , que yo adoro a mi nieto Alberto. Me gusta verlo cada día crecer y
aprender cosas nuevas y decirlas con su media lengua de trapo.
Me encanta verlo correr ,medio cruzando
las piernas , en un ¡ay! de , se cae, no se cae.
Me entusiasma la fascinación que tiene por
todos los animales , que ya conoce por sus nombres y sonidos ,y sobre todo , me
gusta verlo tumbado panza abajo en el
suelo del jardín observando de cerca el caminar de alguna hormiga descarriada ,
ajena al peligro que le espera.
Alberto irrita a su abuelo pisándole las
flores que con tanto esmero cuida, arrancando albaricoques inmaduros al alcance de su mano o destrozando injertos
de peral o limonero.
Es frecuente verlo acercarse a las
lavandas pobladas de abejas sin miedo a que le piquen o asomar su cabeza entre
algún macizo de margaritas sonriendo, desafiante , conocedor de su pequeña
fechoría.
Cuando se cansa de corretear, acude a su
abuela para que le ponga canciones infantiles que muy atento escucha saboreando
un cuenco de gusanitos.
7 de junio de 2012
En
la actualidad Alberto tiene 5 años
albertinareinónpidelapalabra

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